Historia del Proyecto de Paleontología
En la ciudad de Aguascalientes, México, existe un arroyo llamado El Cedazo. En ese lugar se han encontrado desde hace décadas restos fósiles de animales, la mayoría de la Era del Pleistoceno.
Se han encontrado restos de mamuts de casi 5 metros de altura, bisontes gigantes, osos perezosos de casi 4 metros, osos chatos, rinocerontes enanos de dos cuernos, un animal parecido a un roedor pero con caparazón de 1.50 metros de altura, pequeños caballos y camellos que se creía que no existían en América, tigres dientes de sable, lobos, tortugas gigantes, etc.
El gobierno de Aguascalientes decidió recrear el área como fue en el pasado instalando 44 figuras de éstos animales en tamaño real para que todos pudieran disfrutar lo que allí alguna vez existió.
En Noviembre del 2003 recibí una llamada de un buen amigo, José Ramón Dipp -a quien el gobierno encargó el proyecto- invitándome a hacer las esculturas; acepté de inmediato, para mi sería un gran reto ya que nunca había hecho nada parecido y además porque me parece muy interesante la paleontología y me daba la oportunidad de conocer más del tema de primera mano.
Fuimos a Aguascalientes a ver el arroyo y a hablar con el Secretario de Turismo, Edmundo Valdez y con su equipo de arquitectos, con el profesor Posadas, Director del Proyecto y con Rubén Guzmán, Paleontólogo con el que trabajaría cerradamente.
Nos dimos a la tarea de comenzar inmediatamente. Rubén me proporcionó libros, fotografías y réplicas de fósiles para iniciar las maquetas, hizo muchísima labor de investigación y frecuentes viajes a Guadalajara, estuvimos en contacto diario vía correo electrónico intercambiando fotografías del proceso y siguiendo sus atinados comentarios.
Comencé haciendo las maquetas de cada animal, varios intentos hasta que se acercaban lo más posible a lo que la información nos decía. No contábamos con datos precisos sobre cómo eran los animales ya que algunos son endémicos, o sea que son exclusivos de ésa área, y no se habían realizado investigaciones profundas sobre ellos.
La Lic. Adriana Solórzano, Directora del Museo de Paleontología de Guadalajara, amablemente autorizó que el Curador Javier Juárez y su equipo nos dieran toda la información con que contaban en el museo y nos ayudaron enormemente permitiéndonos revisar fósiles, medirlos, fotografiarlos de cerca y nos dieron amplias explicaciones acerca de ellos. También vía internet recibí una gran ayuda de Marisol Montellano, una destacadísima Paleontóloga mexicana de la Universidad Autónoma de México.
Tal vez nunca se sepamos exactamente como eran los animales, ya que de algunos sólo se tienen algunos huesos, no tenemos sus pieles, por lo que no conocemos su color real, pero creo que nos acercamos bastante.
Linda Ruelas fue clave para mi en este proyecto, su mente clara, su habilidad matemática y escultórica, su entrega y simpatía hicieron que todo avanzara suavemente.
Teníamos el tiempo encima, así que había que trabajar de 16 a 18 horas diarias los 7 días de la semana; se puede decir que las dos vivíamos en el taller.
Iniciamos la etapa de hacer las esculturas en tamaño real y con la habilidad del equipo de expertos de José Ramón construimos las estructuras y luego empezamos a darle forma a las esculturas, tallando, añadiendo, lijando. Luego hicimos las texturas, simulando pelo, piel o placas óseas. También tuvimos que hacer trabajo de dentista al tallar en yeso las dentaduras, colmillos y garras de algunos de los animales.
Casualmente antes del proyecto, estuve llendo al Instituto Médico Forense con el reconstructor Alejandro Aceves que me estaba enseñando las técnicas de reconstrucción de cráneos.
Siguiendo la forma de los huesos y con una técnica especial, se puede saber como eran las facciones de la persona fallecida para identificarla; esta información fué muy útil para poder leer mejor los huesos de los animales.
Comenzamos con el Tigre Dientes de Sable y estuvo listo en 11 días, luego el Mamut en 5 semanas y así
uno tras otro.
Al terminar cada escultura, el equipo de José Ramón les sacaba molde, luego lo hacían en fibra de vidrio y al final los artistas Ana Espinoza y el Dr. Luna los pintaban.
Hicieron un trabajo impresionante. Así entre todos logramos terminar a tiempo.
Un reconocimiento especial a todas las personas que participaron e hicieron posible este bello proyecto; sobre todo a mi esposo Enrique que tuvo tanta paciencia; lo deje solo mucho tiempo y aún así me cocinaba y llevaba cosas ricas al taller.
Todo mi cariño para mi buena amiga y mano derecha la señora Rebeca, a Ana, Marín, Marco, Vicente, Don Chava, Enrique, Fidel, Pancho, Fernando y a todos los muchachos por su entrega y amistad, y a José Ramón y Pepe por poner su confianza en mi trabajo.
Lucy.
Guadalajara, Jal., México: (33) 3612-4110
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